La Eucaristía es ‘preparada-en-la-Misa’ pero una en su especie

por | May 31, 2021 | Blog, Noticias y Actualizaciones

“En la Eucaristía lo creado encuentra su mayor elevación. La gracia, que tiende a manifestarse de modo sensible, logra una expresión asombrosa cuando Dios mismo, hecho hombre, llega a hacerse comer por su criatura.” (LS 236).

«Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: «Tomad, este es mi cuerpo.»» (Marcos, 14, 22).

Por el diácono Clayton Nickel

Catedral de San Mateo Apóstol (Washington, D.C., EEUU)

Ve a cualquier supermercado y mira tu carrito. ¿Qué tipo de cosas, qué tipo de artículos, qué tipo de alimentos has metido ahí?

Probablemente verás dos tipos de alimentos: uno producido en masa que es fácil de preparar, fácil de meter en el microondas o que incluso necesita menos preparación. Puede ser buena, pero no es excepcional.

El otro tipo de comida podría verse como una comida menos producida en masa. Comida artesanal para ocasiones especiales. Comida para darse un capricho a uno mismo y a su familia o amigos. Comida con una historia.

Consideremos ahora la comida de nuestra celebración eucarística. El pan del altar tiene el dudoso honor de ser el primer alimento ‘producido en masa’ del mundo. Los cientos de obleas, apiladas en un copón para su rápida entrega, son el polo opuesto a la hogaza artesanal de una panadería local que huele a frescura. La Eucaristía no es un alimento de producción masiva ni artesanal.

La Eucaristía es un misterio. Es «preparada en la Misa». No se parece a ningún otro alimento.

Cuando recibimos la Eucaristía, participamos en el sacramento por el que nos convertimos en lo que consumimos, en lugar de que lo que consumimos se convierta en nosotros.

Como afirma la Sacrosanctum Concilium, la celebración dominical de la Eucaristía es la fuente y la cumbre de nuestra fe. Llevamos todo nuestro ser a la mesa del Señor, y salimos transformados de esa celebración renovados en nuestra vocación bautismal a seguir las huellas de Jesucristo. Es un tiempo de renovación y de nuevo compromiso.

Quiero llamar su atención sobre el párrafo 236 de Laudato Si’ en el que el Papa Francisco dice: «En la Eucaristía lo creado encuentra su mayor elevación».

Fijense por un momento en eso, que no se trata sólo de su experiencia humana y la mía, aunque ciertamente somos parte de la creación y parte de lo que Dios ha querido para la historia de la salvación.

Pero el Papa Francisco nos recuerda que toda la creación se resume, se exalta, se eleva, en la celebración de la Eucaristía, en la celebración de los sacramentos de la Iglesia.

Un segundo pasaje de este párrafo tan importante: «El Señor, en el colmo del misterio de la Encarnación, quiso llegar a nuestra intimidad a través de un pedazo de materia. No desde arriba, sino desde adentro, para que en nuestro propio mundo pudiéramos encontrarlo a él. En la Eucaristía ya está realizada la plenitud, y es el centro vital del universo, el foco desbordante de amor y de vida inagotable. Unido al Hijo encarnado, presente en la Eucaristía, todo el cosmos da gracias a Dios. En efecto, la Eucaristía es de por sí un acto de amor cósmico».

Finalmente, el Santo Padre termina este pasaje particular sobre la Eucaristía con esta línea: «Por eso, la Eucaristía es también fuente de luz y de motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente».

Mis queridos hermanos y hermanas, en la fiesta del Corpus Christi, o en cualquier misa, pregúntense: «Cuando miramos el Santísimo Sacramento, ¿vemos la hostia como nuestra Tierra, material y frágil? ¿Nos sentimos conectados? ¿Vemos un entramado de la creación del que formamos parte y en el que Dios decidió entrar por amor?»

Cuando decimos «amén» a la proclamación «el cuerpo de Cristo», ¿reconocemos que también estamos afirmando la bondad del mundo que Dios creó libremente y renovando nuestra responsabilidad de cuidar este mundo como él ya cuida de nosotros?

Cuando consideramos la importancia del día de descanso, ¿reconocemos lo que el Papa Francisco proclama en Laudato Si’ (237), que «El domingo es el día de la Resurrección, el «primer día» de la nueva creación, cuya primicia es la humanidad resucitada del Señor, garantía de la transfiguración final de toda la realidad creada»?

Que nos acerquemos a Cristo en la Eucaristía con un sentido renovado del significado ecológico del sacramento que compartimos, del don divino que recibimos, de la comunión en la que estamos llamados a participar y del deber que tenemos como miembros del cuerpo de Cristo de «cuidar nuestra casa común».

 

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Preguntas de reflexión:

  1. Piensa en cómo te acercas a la Eucaristía. ¿La ves como algo masificado, algo que tomas rutinariamente, o como algo producido en la Misa, el verdadero cuerpo sagrado de Jesucristo?
  2. El Papa Francisco escribe: «Por eso, la Eucaristía es también fuente de luz y de motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente». ¿Cómo es la Eucaristía una fuente de luz para ti y tus seres queridos? Si no lo está siendo ya, ¿cómo puede serlo aún más en el futuro?

Esta historia fue adaptada del Encuentro Laudato Si’ de junio. Este recurso espiritual se produce mensualmente para uso de los Animadores Laudato Si’, los Círculos Laudato Si’ y todos los demás católicos, para ayudarlos a acercarse más a nuestro Creador.

Puedes encontrar el recurso completo, así como las ediciones anteriores, aquí. ¿Tienes una idea para un futuro recurso o una entrada de blog? Envíanos un correo electrónico haciendo clic aquí.

Guadalupe García Corigliano
Guadalupe García Corigliano

Buenos Aires, Argentina. Licenciada en Periodismo (USAL), posgrado en Periodismo Digital (UPF). Escritora y creadora de contenido para el MLS. Comprometida con las causas de acción social y de la Iglesia Católica.

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