«El sonido del agua nunca es solo ruido de fondo. Es una de las oraciones más antiguas de la creación».

Antes de que los ríos se conviertan en estadísticas, son canciones.

Mucho antes de medir las precipitaciones, hacer un seguimiento de las sequías o debatir sobre las políticas hídricas, nos encontramos con el agua como algo profundamente personal. El suave ritmo de las olas al romper en la orilla. La lluvia golpeando suavemente contra una ventana. Un arroyo de montaña que serpentea por el bosque. Los niños riendo mientras chapotean en un río. El silencio que se produce cuando simplemente nos sentamos junto al agua que fluye.

El agua siempre ha hablado.

La cuestión es si hemos aprendido a escucharla.

Este Tiempo de la Creación, centrado en el tema Agua Viva, nos invita a empezar por algún lugar inesperado. No con campañas ni actividades. No con soluciones ni estrategias.

Empieza con la contemplación.

Antes de poder responder al clamor de la creación, primero tenemos que escuchar su canto.

Imagina salir a la calle a primera hora de la mañana. Dejas atrás tu teléfono, tu lista de tareas pendientes y el ruido constante que llena tu día a día. Caminas hacia un río, un lago, el mar o, tal vez, solo una pequeña fuente en un parque cercano. Te detienes. Respiras.

Poco a poco, empieza a surgir otro ritmo.

El sonido del agua que fluye.

El canto de los pájaros en la lejanía.

Las hojas meciéndose suavemente con el viento.

Durante unos instantes, nada reclama tu atención salvo el regalo de simplemente estar presente.

Y ocurre algo extraordinario.

La inmersión en la Creación se convierte en tu oración. 

Aunque no puedas salir al aire libre, puedes cerrar los ojos, escuchar el sonido del agua que fluye y dejar que tu imaginación te transporte a los ríos, los océanos y los manantiales que sustentan toda la vida. A veces, la creación no necesita nuestras palabras. Simplemente pide nuestra atención.

Este sencillo gesto de escuchar se ha convertido en una fuente de renovación para comunidades de todo el mundo.

Los participantes en un retiro titulado A la Escucha de la Naturaleza, celebrado en Irlanda, rezan y reflexionan al aire libre durante el Tiempo de la Creación

 

Durante el último Tiempo de la Creación, Trócaire invitó a las comunidades parroquiales de toda Irlanda —entre ellas las de Clonegal, Kildavin, Myshall, Drumphea y Kinsale— a participar en los retiros A la Escucha de la Naturaleza. A través de la oración, la Lectio Divina con la creación y la Conversación en el Espíritu, los participantes descubrieron que escuchar a la naturaleza también nos enseña a escucharnos más profundamente unos a otros y a Dios.

Al reflexionar sobre la experiencia, el participante Andy Leahy comentó:

«Nuestro taller Escuchar a la Naturaleza y Unos a Otros fue una experiencia muy enriquecedora. La sesión de oración y la dedicada a la Lectio Divina con la naturaleza nos llevaron a un espacio más propicio para la reflexión. Responder a la pregunta de dónde veíamos signos de esperanza nos ayudó a centrarnos en medidas concretas que podemos adoptar en nuestras propias vidas para cuidar de nuestra casa común».

Lo que comenzó como un momento de tranquilidad al aire libre se convirtió en algo mucho más grande: un compromiso renovado con el cuidado de la creación, basado no en la culpa, sino en la gratitud.

El mismo Espíritu se está moviendo por todo el mundo.

En Italia, esta invitación a escuchar se convierte en una peregrinación. Durante el Día de la Tierra de 2026, los participantes se embarcan en un retiro ecoespiritual llamado Inmersión en el Agua Viva y recorren el camino de fuente en fuente mientras reflexionan sobre la visión de Ezequiel del río que brota del Templo de Dios y lleva vida allá por donde pasa. Por el camino, caminan en silencio, rezan con los cinco sentidos, sumergen las manos en el agua y contemplan tanto su belleza como sus heridas: desde los ríos contaminados hasta los millones de personas que aún carecen de acceso a agua potable. El camino conduce luego al Centro Astalli de los jesuitas, donde los participantes se encuentran con el clamor de la creación al escuchar las historias de refugiados cuyas vidas han sido marcadas por el conflicto, el desplazamiento y la injusticia medioambiental, dejando que sus corazones se conmuevan ante el sufrimiento tanto de las personas como de la Tierra. Por último, en el Vilaggio per la Terra, durante las celebraciones del Día de la Tierra en Italia, la peregrinación se convierte en una llamada a la acción, ya que los participantes celebran la Misa por el Cuidado de la Creación y descubren formas prácticas de transformar la oración en un cuidado concreto de nuestra casa común, junto con el Movimiento de los Focolares, el Día de la Tierra en Italia y los Animadores Laudato Si’.

En otra parte de Italia, el Círculo Laudato Si’ de Albareto–Ziano Piacentino, en la región de Emilia-Romaña, ha integrado esta espiritualidad en su ritmo mensual. Al menos una vez al mes, la comunidad se reúne para un retiro de un día completo que comienza con la oración matutina en las colinas y concluye con la celebración de la Eucaristía. La liturgia suele comenzar al aire libre, rodeados de la creación en el pequeño parque de la comunidad, antes de continuar en la capilla. Durante el Tiempo de la Creación de 2025, celebraron la Misa por el Cuidado de la Creación, que reunió a entre veinte y treinta participantes de toda la diócesis: amigos unidos por el deseo común de vivir el mensaje de Laudato Si‘.

Los participantes en Río de Janeiro celebran el Tiempo de la Creación mediante la oración, la contemplación y el compromiso compartido, reconociendo nuestra profunda conexión con toda la creación

 

En Brasil, el retiro del Tiempo de la Creación celebrado en Río de Janeiro culminó con una oración profundamente conmovedora que llevó a los participantes a la comunión con toda la creación. Reunidos en torno a un altar adornado con plantones en los que habían depositado sus compromisos personales, reflexionaron sobre el carácter sagrado de los cuatro elementos —tierra, agua, aire y fuego— a través de la sabiduría de la espiritualidad indígena y la Palabra de Dios. Juntos, con oraciones y movimientos corporales, proclamaron: «La tierra es mi cuerpo, el agua es mi sangre, el aire es mi aliento y el fuego es mi espíritu». En esa declaración compartida, la creación ya no era algo externo a ellos mismos que debiera protegerse, sino una realidad viva a la que pertenecían en comunión con todas las criaturas de Dios. La oración se convirtió en una profunda expresión de conversión ecológica: reconocer que, al cuidar de la tierra, también nos cuidamos a nosotros mismos, nos cuidamos unos a otros y damos gloria a Dios, cuya vida fluye a través de toda la creación.

Diferentes idiomas. Diferentes paisajes. El mismo descubrimiento.
Cuando escuchamos de verdad a la creación, nos encontramos con el Creador.

Por eso, el símbolo del Tiempo de la Creación de este año es Inmersión en el Agua Viva.

La inmersión es algo más que estar junto a un río: es dejar que el río nos transforme. Al igual que nos bautizamos mediante la inmersión en el agua, entrando así en una nueva vida en Cristo, se nos invita a sumergirnos una vez más en el don de la creación de Dios. El agua nunca se impone a la fuerza. Sin embargo, con el paso del tiempo, esculpe valles, ablanda la piedra, nutre los bosques y lleva la vida allá donde fluye.

La conversión ecológica comienza más o menos de la misma manera. No empieza intentando cambiar el mundo de la noche a la mañana, sino permitiendo que el Agua Viva de Dios transforme nuestros propios corazones, aprendiendo a ver la creación no como algo que hay que utilizar, sino como un don sagrado que hay que recibir, proteger y amar.

En este Tiempo de la Creación, te invitamos no solo a leer sobre el Agua Viva, sino a sumergirte en ella.

La Guía para Facilitadores de Retiros Laudato Si’ se ha elaborado especialmente para acompañar a personas, parroquias, comunidades de fe y pequeños grupos en este camino de conversión ecológica. Más que un programa, es una invitación a profundizar en tu relación con Cristo, quien nos enseña a amarlo amando a la creación y a cada hermano y hermana.

Como nos recuerda Laudato Si’, los frutos de nuestro encuentro con Jesús «que implica dejar brotar todas las consecuencias…en las relaciones con el mundo que[ nos] rodea» (LS 217). l

Ese camino no comienza con acciones extraordinarias, sino con un corazón atento.

Este año, deja que el río sea tu maestro.

Deja que la creación sea tu oración.

Y permite que el Agua Viva de Cristo te lleve al gran río sanador de Dios: para ti, para tu comunidad y para nuestra casa común.