Dra. Lorna Gold

En la tranquila campiña de Surrey, Inglaterra, rodeados por los primeros signos de la primavera, un pequeño grupo se reunió en Wilton Park para lo que se convirtió en una de las reuniones multiconfesionales más impactantes que he vivido en años. Durante tres días a principios de marzo, mujeres y aliados de diferentes tradiciones religiosas se reunieron a través de la Red de Mujeres, Fe y Clima (Women’s Faith and Climate Network), un movimiento joven pero en rápido crecimiento que está llevando a las mujeres creyentes a ocupar puestos de liderazgo en la justicia climática.

En un momento en el que los titulares están dominados por la guerra y la destrucción, especialmente en Oriente Medio, la reunión se percibió como silenciosamente radical. En un mundo a menudo marcado por la división, estas mujeres se reunieron no para discutir sobre sus diferencias, sino para preguntarse cómo la fe podría convertirse en una fuerza de sanación, tanto para nuestro planeta herido como para nuestra fracturada familia humana.

La reunión fue organizada por un notable grupo de líderes ya comprometidos con la movilización de las comunidades religiosas en favor de la acción climática. Entre ellos se encontraba Mary Robinson, cofundadora del Proyecto Dandelion, que busca amplificar el liderazgo de las mujeres en las soluciones climáticas en todo el mundo. Su presencia reflejó el tema central de la reunión: cuando las mujeres lideran, surgen nuevas posibilidades.

Sin embargo, lo que hizo que esta reunión fuera especialmente llamativa no fue solo quiénes estaban presentes, sino el momento en que tuvo lugar.

Una Convergencia de Tiempos Sagrados

Al comenzar la reunión, los participantes notaron algo extraordinario. Varias celebraciones religiosas importantes se estaban desarrollando al mismo tiempo: Ramadán, Purim, Cuaresma y Holi.

Cada uno de estos períodos sagrados invita a los creyentes a hacer una pausa, reflexionar y transformarse. Ya sea a través del ayuno, la oración, el arrepentimiento o la celebración, nos invitan a alejarnos de los ritmos de la vida cotidiana y a hacernos preguntas más profundas sobre quiénes somos y cómo nos mostramos al mundo.

Para las mujeres reunidas en Wilton Park, esta convergencia fue más que una coincidencia. Fue como una invitación sagrada.

La reunión comenzó con una reflexión sobre la historia de la reina Ester, cuyo valor evitó la violencia y salvó a su pueblo. En la tradición judía, Ester no es recordada como una guerrera, sino como una mujer cuya claridad moral y determinación cambiaron el curso de los acontecimientos. Su historia se convirtió en un poderoso símbolo para la reunión: un recordatorio de que el liderazgo de las mujeres puede evitar la destrucción y abrir caminos hacia la paz.

Durante los días siguientes, los participantes compartieron sus tradiciones sagradas. Las colegas judías celebraron Purim y todos intercambiamos regalos. Las participantes musulmanas rompieron el ayuno del Ramadán con sus hermanas de otras religiones. Las participantes cristianas reflexionaron sobre el significado de la Cuaresma con una oración al amanecer compartida con nuestras hermanas de otras religiones. Estos momentos compartidos no fueron solo gestos simbólicos, sino que se convirtieron en expresiones vivas de lo que una participante describió como «parentesco radical».

Mujeres al Frente de la Acción Climática

El propósito de la reunión fue claro: fortalecer la colaboración entre las mujeres de fe que trabajan por la justicia climática.

En todo el mundo, las mujeres de las comunidades religiosas ya están liderando iniciativas extraordinarias. Las participantes conocieron las alianzas establecidas en la India entre SEWA y Brahma Kumaris, que están llevando la energía solar y tecnologías de cocina limpias a las comunidades rurales. Estos proyectos no solo reducen las emisiones, sino que empoderan a las mujeres, fortalecen la resiliencia y mejoran los medios de vida en comunidades que ya están sufriendo los efectos del cambio climático.

También se habló de cómo los programas de base están movilizando a la gente dentro de las congregaciones como defensores del medio ambiente. El Movimiento Laudato Si’, por ejemplo, ha formado a más de 20 000 líderes de base a través de su programa Animadores Laudato Si’. Existen iniciativas similares en otras tradiciones: Green Anglicans, los Green Angels de Brahma Kumaris y muchas otras que están transformando silenciosamente templos, iglesias, mezquitas y sinagogas en centros de acción climática.

A medida que los participantes comparaban estas iniciativas, surgió una idea contundente: ¿qué pasaría si estas redes pudieran conectarse?

¿Qué pasaría si los miles de líderes comunitarios que ya trabajan en diferentes tradiciones religiosas comenzaran a colaborar más allá de las fronteras religiosas? ¿Qué nuevo impulso se podría generar si estas iniciativas compartieran conocimientos, visibilidad y apoyo?

En ese momento, el potencial de la Red de Mujeres por la Fe y el Clima se hizo más evidente. No se trata simplemente de otra coalición, sino de un espacio en el que las tradiciones espirituales del mundo pueden converger en torno a la protección de nuestra casa común.

Desafiando los Sistemas que Impulsan la Crisis

La conversación no se limitó a las acciones populares. Las participantes también hablaron abiertamente sobre la necesidad de que las comunidades religiosas desafíen los sistemas que impulsan la crisis climática.

Reflexionamos sobre la responsabilidad moral de las instituciones religiosas de alzar la voz contra la dependencia continuada de los combustibles fósiles. Campañas como Faiths for Our Fossil Free Future (Fe por un Futuro Sin Combustibles Fósiles) instan a los líderes religiosos y a las comunidades a exigir una transición justa que nos aleje de la energía fósil.

Las tradiciones religiosas han influido durante mucho tiempo en los debates éticos de la sociedad, desde los derechos humanos hasta la justicia económica. Ahora, muchos creen que es hora de que las voces religiosas se pronuncien con la misma claridad sobre la emergencia climática.

Parentesco Radical en un Mundo Fracturado

Al finalizar la reunión, se invitó a los participantes a reflexionar sobre lo que cada uno podía aportar a esta red emergente. Las ofertas concretas para arremangarse y ponerse manos a la obra fueron numerosas, lo que transmitió un profundo deseo de llevar a cabo la tarea.

El lenguaje que surgió una y otra vez fue sorprendente: el parentesco. No solo la cooperación, sino un reconocimiento más profundo de que, a través de nuestras tradiciones religiosas, pertenecemos a una misma familia humana. Es desde esta base, arraigada en una amistad cada vez más profunda, desde donde avanzamos.

El grupo escuchó juntos la Oración por nuestra Tierra de Laudato Si’, escrita por el Papa Francisco, una oración dirigida no solo a los cristianos, sino a todas las personas de fe. Invita a la humanidad a reconocer que compartimos un mismo planeta, un mismo destino y una misma responsabilidad de cuidar nuestra casa común.

En aquella sala, aquellas palabras resonaron profundamente.

Las mujeres reunidas procedían de diferentes continentes, tradiciones y culturas. Sin embargo, la crisis del cambio climático ha puesto de manifiesto algo fundamental: nuestras diferencias son reales, pero no son mayores que lo que nos une.

Una Perspectiva Diferente Sobre la Religión

Al salir de Wilton Park, sentí una energía renovada y esperanza.

Es habitual, especialmente en momentos de conflicto global, escuchar referencias a la religión principalmente como una fuente de división. De hecho, en muchos lugares, incluyendo la actual violencia en Oriente Medio, la identidad religiosa suele estar relacionada con tensiones políticas y agravios históricos.

Pero lo que presencié en Wilton Park me contó una historia diferente.

Allí estaban mujeres judías, musulmanas, cristianas, hindúes, budistas y otras mujeres de fe y tradiciones indígenas sentadas una al lado de la otra, rezando juntas, compartiendo comidas, intercambiando ideas y comprometiéndose con la sanación de nuestro planeta.

No estaban ignorando sus diferencias. Más bien, estaban eligiendo comenzar desde un lugar más profundo: los valores compartidos de compasión, responsabilidad y reverencia por la vida que están presentes en todas las tradiciones espirituales.

En medio de la guerra, este tranquilo encuentro se percibió como un profundo mensaje de esperanza.

Un pequeño grupo de mujeres, hermanas de muchas religiones, se habían reunido no para competir por la influencia, sino para asumir la responsabilidad de nuestra casa común.

Si su espíritu de afinidad radical se extiende, imagina cómo podría transformar el papel de la fe en el mundo: no como una fuerza de división, sino como una presencia sanadora en tiempos de crisis planetaria.

Y quizás eso es precisamente lo que requiere este momento.

Fotos oficiales cortesía de Wilton Park, para uso del Movimiento Laudato Si’.