
¡Cristo ha resucitado! En este segundo domingo de Pascua (Domingo de la Divina Misericordia), el Señor resucitado está entre nosotros, infundiendo paz, derramando misericordia y renovando toda la creación. Esto no es solo una buena noticia para la humanidad; es el nuevo latido del universo.
El camino cuaresmal, Volver al corazón, nos ha preparado para reconocer esta verdad: Cristo ha vencido a la muerte y, con Él, toda la creación está llamada a una vida nueva. En su misericordia, Dios sana nuestra relación rota con la Tierra, restaurando la armonía entre la humanidad y la creación.
El Resucitado envuelve y transforma toda la creación
Durante la Cuaresma, hemos aprendido a volver al corazón para discernir y contemplar. Hoy, la luz de la Pascua nos muestra que «las criaturas de este mundo ya no se nos presentan como una realidad meramente natural, porque el Resucitado las envuelve misteriosamente y las orienta a un destino de plenitud» (Laudato Si’, 100).
El Nuevo Testamento nos revela a un Jesús resucitado y glorioso, presente en toda la creación con su señorío universal. A través del misterio de su cruz y resurrección, Él «quiso reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la Tierra como las que están en el cielo» (Col 1, 19-20). Contemplar la naturaleza con ojos pascuales es reconocer que en cada hoja, en cada río y en cada animal late la gloria del Resucitado. «Las mismas flores del campo y las aves que él contempló admirado con sus ojos humanos, ahora están llenas de su presencia luminosa» (Laudato Si’ 100).
Por lo tanto, cuando luchamos por la justicia climática, cuando defendemos la biodiversidad o cuando nos comprometemos con las causas de los pobres, estamos colaborando en esta reconciliación cósmica, honrando y revelando al Resucitado, que habita y transfigura toda la creación.
Domingo: Los primeros frutos de la nueva creación
Laudato Si’ nos invita a vivir el domingo no solo como un día de descanso, sino como el «primer día» de la nueva creación. La humanidad resucitada del Señor actúa como primicia y «garantía de la transfiguración final de toda la realidad creada» (Laudato Si’ 237). En este día, la liturgia de la Iglesia se une a la liturgia de la creación. El descanso dominical, iluminado por la Resurrección, ofrece sanación para nuestras relaciones rotas: con Dios, con nosotros mismos, con los demás y con la Tierra.
Volver al corazón, tal y como hicimos durante la Cuaresma, significa ahora celebrar cada domingo con la conciencia de que formamos parte de una realidad que ya se está renovando. Es el día para romper con el ritmo de la explotación y entrar en el ritmo de la gratitud y la comunión.
Una llamada a la alegría y a la esperanza inquebrantable
La Pascua es, ante todo, el triunfo de la vida sobre la muerte, de la esperanza sobre la desesperación. En un mundo marcado por la crisis ecológica y los conflictos, la promesa de Jesús resuena con claridad profética: «He aquí que hago nuevas todas las cosas» (Ap 21, 5).
No se trata de una promesa lejana: ya se está haciendo realidad entre nosotros. La creación se está renovando, y nosotros formamos parte de esa renovación.
Nuestras luchas, nuestras lágrimas por la Tierra herida y nuestra preocupación por el futuro no disminuyen nuestra alegría, sino que la hacen más profunda. Porque la Resurrección no es solo algo que celebramos, sino algo que estamos llamados a vivir.
Como nos recuerda el papa Francisco: «Caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten el gozo de la esperanza» (Laudato Si’, 244).
Caminar a la luz de la Resurrección
Vivir la Pascua hoy es convertirnos en signos de esta nueva vida:
- eligiendo el cuidado en lugar de la indiferencia,
- la comunión en lugar de la explotación
- la esperanza en lugar del miedo
Cada gesto de amor hacia la creación, cada paso hacia la justicia, se convierte en una expresión visible de la obra del Resucitado en el mundo.
Ponte en acción: forma parte de la renovación
En esta época de Pascua, la invitación es clara: forma parte de la renovación de nuestra casa común.
Únete a la Semana Laudato Si’ y da pasos concretos —tanto a nivel personal como colectivo— hacia un mundo más justo, sostenible y lleno de esperanza.
Porque Cristo ha resucitado… y toda la creación resucita con Él.





