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Un camino de transformación durante el Triduo

Por Daniel Castellanos

Durante este camino cuaresmal, el Movimiento Laudato Si’ nos ha invitado a algo más profundo que una época del año: ha sido un camino de retorno. Un retorno al corazón: ese espacio interior sagrado donde la contemplación, el discernimiento y la acción ya no están separados, sino que se funden en uno.

Guiados por el lema «Volver al Corazón» e inspirados por Dilexit Nos, se nos ha recordado con delicadeza que el cuidado de nuestra Casa Común no comienza con estrategias, sino con una transformación: una renovación interior que nos permite ver, sentir y responder de otra manera.

Al echar la vista atrás, podemos identificar cinco invitaciones que han marcado este tiempo de gracia:

  1. El Miércoles de Ceniza, el árbol de guayacán nos enseñó que, para resistir la sequía, debemos echar raíces profundas. La invitación consistía en volver al corazón para descubrir que la verdadera fuerza no reside en las apariencias, sino en la conexión secreta con el Agua Viva..
  2. El Primer Domingo, Jesús en el desierto nos enseñó a discernir nuestros deseos. Ante la tentación del consumismo y el poder, redescubrimos que la verdadera libertad nace cuando el corazón elige el bien común y adopta un estilo de vida sostenible..
  3. En el Segundo Domingo, el de la Transfiguración, comprendimos que la contemplación transforma nuestra mirada. Al escuchar a Cristo, se nos abren los ojos para ver la creación no como un recurso, sino como un sacramento, lo que nos impulsa hacia una profunda educación ecológica.
  4. El Tercer Domingo, junto a la mujer samaritana, tomamos conciencia de nuestra propia sed y de la de nuestros hermanos y hermanas. Comprendimos que responder al clamor de los pobres nos exige salir de la indiferencia y construir comunidades en las que nadie sea tratado como un proyecto, sino como un amigo.
  5. El Cuarto y el Quinto Domingo, la luz devuelta al ciego y la vida rescatada de Lázaro nos llamaron a actuar con valentía. Vimos que la resiliencia de la comunidad y el cuidado de la vida exigen romper las cadenas que oprimen a la Tierra y a los más vulnerables, confiando en que Dios sigue dando vida en medio de la muerte.

Este camino nos ha revelado poco a poco que la conversión ecológica es, en su nivel más profundo, una conversión del corazón. No se trata de un cambio superficial, sino de una reorganización interior, en la que el corazón se vuelve más íntegro, más atento, más capaz de discernir y más abierto a la compasión y al amor valiente. Es este tipo de corazón el que se convierte en tierra fértil, donde la verdadera transformación puede echar raíces y crecer.

Ahora, al estar a las puertas de la Pascua, percibimos en nuestro interior un cambio silencioso pero real. Llevamos en nuestro corazón una mayor unidad y menos fragmentación. Un corazón que escucha con mayor atención los gemidos de la creación y los llantos de los más vulnerables. Un corazón más dispuesto a amar libremente, a responder de manera concreta y a dar sin medida.

El desierto ya ha quedado atrás, pero no nos ha dejado igual. En su silencio, algo dentro de nosotros ha cambiado. Como una semilla que ha caído en la tierra y se ha rendido, también nosotros hemos empezado a soltar lastre, confiando en que esta muerte oculta ya está dejando espacio para que surja una nueva vida.

Y así, nos encontramos preparados, no solo para celebrar la Resurrección, sino para encarnarla. Para vivirla. Para convertirnos en signos de esa nueva vida en un mundo que anhela la sanación.

A medida que continúes este camino, no dejes atrás estas bendiciones. Vuelve a los recursos que te han acompañado a lo largo del camino: las reflexiones sobre el corazón, la meditación en vídeo, el examen ecológico y el Vía Crucis ecológico. Vuelve a ellos sin prisas. Deja que sigan dando forma a tu oración, a tus decisiones cotidianas y a tu relación con nuestra Casa Común.

Porque el camino hacia el corazón no termina con la Cuaresma: se convierte en una forma de vivir, una forma de ver, una forma de amar.

Una pregunta para reflexionar durante el Triduo:
  ¿Qué fruto concreto de este retorno al corazón estoy dispuesto a ofrecer en la celebración de la Resurrección?