
“Perdona nuestras ofensas, concédenos Tu paz”.
A medida que nos adentramos en los primeros días de 2025, reflexionamos sobre esas pequeñas y esperanzadoras acciones que hacen realidad nuestros sueños para nuestra casa común. Este año parece diferente, como un suave empujón que nos recuerda el poder que tenemos para dar forma a lo que está por venir.
Inspirándose en el Año Jubilar, el Papa Francisco nos invita de todo corazón: a hacer una pausa, a reflexionar y a abrazar la conversión personal y colectiva. Es una invitación que nos pide que miremos hacia dentro y reconozcamos que la paz auténtica y duradera comienza con las decisiones que tomamos cada día.
La Jornada Mundial de la Paz es una oportunidad para mirar al mundo con el corazón abierto y reflexionar sobre el poder transformador de la reconciliación, el perdón y la justicia, pilares fundamentales para construir una paz auténtica y duradera.
Como nos recuerda el Papa Francisco en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año:
«El cambio cultural y estructural para superar esta crisis se realizará cuando finalmente nos reconozcamos todos hijos del Padre y, ante Él, nos confesemos todos deudores, pero también todos necesarios, necesitados unos de otros, según una lógica de responsabilidad compartida y diversificada. Podremos descubrir ‘definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros’».
En un mundo marcado por las divisiones, las desigualdades y el sufrimiento, estamos llamados a ser sembradores de paz, inspirando el cambio a través de cada pequeño acto de amor y acción consciente:
🌱 Escuchando con empatía a los que piensan diferente.
🌱 Tendiendo la mano a los más vulnerables con compasión.
🌱 Cuidando de nuestra casa común, abrazando la creación como un don sagrado.
Cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de sanar el mundo que habita, reconociendo que nuestras acciones—e incluso nuestra inacción—repercuten en la devastación de nuestra casa común y en los conflictos que afectan a la humanidad.
Este es el momento perfecto para escuchar los clamores de la humanidad y dar pasos concretos hacia la justicia y la paz. Cada acto de reconciliación, cada opción por la justicia y cada esfuerzo por romper las cadenas de la injusticia son semillas de un cambio duradero, sostenido por el perdón y la misericordia que Jesús nos enseña mientras rezamos: “Perdona nuestras ofensas”.
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