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El primer Encuentro Hispanoamericano del Movimiento Laudato Si’ concluyó en Bogotá con frutos concretos para los territorios y una contribución al camino del Movimiento hacia 2030.

Hay cosas que podemos contar: 110 participantes de 19 países, 14 mesas de diálogo, cuatro Conversaciones en el Espíritu y más de 300 personas acompañando a la distancia.

También hubo cerca de 25 canciones, decenas de talentos, aproximadamente 1,155 tazas de café sin un solo vaso desechable y alrededor de 2,520 abrazos.

Pero el resultado más importante de estos días no cabe en una estadística: lo que ahora llevamos de regreso a nuestros territorios.

Un hito en el camino hacia 2030

Al abrir la última jornada, Fabián Campos, director de Hispanoamerica para el Movimiento Laudato Si’,  definió este Encuentro como “un hito de un itinerario sinodal”.

Bogotá no fue un acontecimiento aislado. Lo escuchado y discernido durante estos días será entregado como aporte a los procesos regionales y globales y a la construcción de la visión del Movimiento Laudato Si’ hacia 2030.

De las conversaciones surgieron 10 grandes llamados: formarnos para transformar; unir espiritualidad, oración, conversión y acción; escuchar profundamente los territorios; tejer comunidad y alianzas; cuidar a quienes cuidan; abrir espacio a jóvenes y nuevos liderazgos; caminar más profundamente con la Iglesia; comunicar para conectar y multiplicar; pasar de momentos aislados a procesos sostenibles; y convertir el discernimiento en acción concreta.

En otras palabras:

Escuchar. Discernir. Cuidar. Articular. Actuar. Sostener.

“El Movimiento somos todos”

“El Movimiento somos todos”, recordó Igor Bastos durante el cierre.

Y por eso nuestro agradecimiento es para cada Animador Laudato Si’: quienes viajaron hasta Bogotá y quienes acompañaron desde sus comunidades; quienes se conectaron a las transmisiones, oraron, compartieron y participaron a través de las redes.

Gracias por responder con un corazón generoso.

Pero esa gratitud viene acompañada de una responsabilidad: lo vivido aquí no termina en Bogotá.

Nos corresponde llevar estos frutos a nuestras parroquias, organizaciones, capítulos, círculos, familias y comunidades. Transformar el discernimiento en acción y responder, con fe y esperanza, a los desafíos ecológicos de nuestro tiempo.

Y terminamos como comenzamos: alrededor de la Eucaristía.

La Misa de Envío nos recordó precisamente eso: ahora toca volver.

Volver a nuestros territorios con diez llamados, nuevas relaciones, una visión hacia 2030 y la responsabilidad de hacer vida lo que juntos hemos discernido.

Porque este Encuentro será verdaderamente un hito no solo por lo que ocurrió durante estos días, sino por lo que comience a ocurrir después de ellos.

Bogotá no fue el final. Fue un envío.