
El papa León XIV lleva el mensaje del «Agua Viva» al corazón de París
El sábado 26 de septiembre se espera que cientos de miles de personas se reúnan en el corazón de París mientras el papa León XIV celebra una misa votiva en honor a la Santísima Virgen María, Fuente de la Salvación. La celebración contará con lecturas bíblicas que resuenan con fuerza con el tema central del Tiempo de la Creación 2026: el Agua Viva —agua que fluye, sana y da vida allá donde va.
En uno de los actos más multitudinarios de su viaje apostólico a Francia, el papa León XIV celebrará una misa en la Place de la Concorde, en la que se han inscrito cerca de 600 000 personas.
El título de la misa, «Virgen María, Fuente de la Salvación», nos recuerda que Cristo es la fuente de la salvación que se nos ha abierto a través de María. Sin desviar el centro de la celebración, esta imagen ofrece un hermoso telón de fondo a las lecturas que se proclamarán ese día.
En el centro de las lecturas habrá una poderosa imagen bíblica: el Agua Viva.
La primera lectura, del profeta Ezequiel (47, 1-2, 8-9, 12), presenta un río que brota del Templo y que lleva vida y sanación allá donde va. El Evangelio de Juan (7, 37-39) se hace eco de esta misma promesa cuando Jesús invita a todos los que tienen sed a acudir a él y habla de ríos de agua viva que brotan de quienes creen.
Estas mismas imágenes bíblicas han acompañado a las comunidades cristianas de todo el mundo a lo largo del Tiempo de la Creación 2026, cuyo tema, Agua Viva, nos invita a redescubrir el agua como un don de Dios, una fuente de vida y una llamada a cuidar de nuestra casa común.
Un río que atraviesa el corazón de Europa
Esta elección reviste una importancia especial en Francia tras un verano marcado por el calor extremo, la sequía y los devastadores incendios forestales.
En este contexto, la imagen de un río que da vida a lugares secos y devastados adquiere una urgencia renovada.
Sin embargo, el mensaje de Agua Viva va más allá de la mera crisis medioambiental. Aborda el núcleo de la ecología integral: el reconocimiento de que el clamor de la Tierra y el clamor de las personas son inseparables.
El agua conecta ecosistemas y comunidades. Sustenta los bosques, la agricultura y la vida humana. Su abundancia puede traer prosperidad; su escasez y contaminación ponen de manifiesto las desigualdades y amenazan la dignidad y los medios de vida de millones de personas.
Por lo tanto, la visión de Ezequiel ofrece algo más que una metáfora medioambiental. Presenta una visión espiritual de la transformación: allí donde la vida parece agotada, la gracia de Dios puede hacer que vuelva a florecer.
De la oración a la conversión ecológica
A lo largo de este Tiempo de la Creación, comunidades de todo el mundo han estado rezando con esta misma imagen bíblica.
Los ríos, los lagos, las costas y las cuencas hidrográficas se han convertido en lugares de oración, encuentro y acción. Las comunidades se han reunido para celebrar misas por el cuidado de la creación, restaurar ecosistemas, defender el acceso al agua limpia y reflexionar sobre la relación entre la fe y nuestra casa común.
Ahora, ese río llega al corazón de París.
Para el Movimiento Laudato Si’, esta celebración es un poderoso recordatorio de que la conversión ecológica no está separada de la fe cristiana. El cuidado de la creación comienza por reconocerla como un don, y por permitir que ese reconocimiento transforme nuestra forma de vivir, de consumir, de relacionarnos entre nosotros y de responder ante quienes se ven más afectados por la degradación ecológica.
El Tiempo de la Creación 2026 ha invitado a los cristianos a verse a sí mismos como parte de un gran río: numerosas comunidades, numerosos países y muchas acciones que fluyen hacia la misma esperanza.
El 26 de septiembre, esa imagen cobrará una relevancia extraordinaria cuando cientos de miles de personas se reúnan en torno a la Eucaristía en uno de los espacios públicos más emblemáticos de Europa.
«Que venga a mí todo aquel que tenga sed»
El Evangelio elegido para la misa nos lleva al origen más profundo del mensaje.
Jesús se levanta y exclama:
«Que venga a mí quien tenga sed, y que beba quien crea en mí».
Por lo tanto, el Agua Viva no es simplemente un símbolo de los retos ecológicos a los que se enfrenta nuestro mundo. Para los cristianos, apunta hacia Cristo y hacia la transformación que comienza cuando la fe cambia nuestra forma de vivir en el mundo.
En Laudato Si’, el papa Francisco definió la conversión ecológica como una transformación en la que nuestro encuentro con Jesús se hace visible en nuestra relación con el mundo que nos rodea.
La celebración en París ofrece una expresión llamativa de esa conexión: la fe que se convierte en cuidado, la oración que se convierte en conversión y la conversión que se convierte en acción.
Desde las aguas contempladas por las comunidades durante el Tiempo de la Creación hasta el río visionado por Ezequiel, el mensaje es el mismo:
Donde fluye el Agua Viva, la vida puede renacer.
Y este sábado, ese río fluirá por el corazón de París.





