
Una invitación diaria para preparar tu corazón
«Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos». (Mt 3, 3)
El Adviento no es solo un tiempo litúrgico. Es un camino.
Una peregrinación del corazón que nos mueve, día tras día, a acercarnos al misterio de Dios que viene, que nace, que se encarna en nuestra historia y en nuestra casa común.
Y este año, te invitamos a vivirlo de una manera especial: caminando con la creación, descubriendo las virtudes de Laudato Si’ y dejando que cada día renueve nuestra esperanza.
Quiero iniciar mi peregrinaje🌱 Un camino que transforma
A veces pensamos en la conversión como algo grande, complejo o lejano. Pero el Adviento nos recuerda que los caminos rectos hacia Dios se construyen con pequeños pasos: un minuto de silencio, un acto de cuidado, un gesto que honra la vida.
En nuestra peregrinación, Él te acompaña específicamente en esto:
hacer que cada día cuente, asegurando que cada oración toque la tierra y que cada gesto se vuelva luz para el mundo.
✨ Virtudes que iluminan el camino
Este año, te ofrecemos una Guía de Peregrinación en la que cada día abre una ventana a una de las siete virtudes ecológicas inspiradas en Laudato Si’.
Estas virtudes son faros que guían el corazón: Alabanza, Gratitud, Sobriedad, Humildad, Cuidado, Paz interior y Alegría.
Cada día encontrarás una breve reflexión, una oración y una acción concreta para ayudarte a vivir estas virtudes.
Estos materiales están diseñados para acompañarte en tu rutina diaria—en casa, en el trabajo, en el transporte público o en un momento de silencio al final del día.
💫 Caminando con la creación
Mientras avanzamos hacia el pesebre, no caminamos solos. Caminamos con la creación, que también espera, suspira, clama y celebra.
Esta peregrinación nos invita a:
✔ Pausar
✔ Escuchar
✔ Cuidar
✔ Renovar
También nos invita a celebrar junto con la comunidad compartiendo tus pequeños desafíos, historias y oraciones a través del padlet.
Quiero inspirar a otras personas
🎁 ¿Por qué unirte a esta peregrinación?
Porque el Adviento es breve, pero su gracia es profunda.
Porque tu corazón necesita espacio para dar gracias y soñar de nuevo.
Y porque nuestro mundo necesita testigos que encarnen la esperanza.





