Un comienzo espiritual para el Tiempo de la Creación 2026

En nuestro mundo hay una sed.

Una sed de paz en los lugares marcados por la guerra.

Una sed de justicia allí donde se ha explotado la creación.

Una sed de esperanza cuando los ríos se secan, los bosques desaparecen y las comunidades se preguntan qué les deparará el futuro.

Quizás también haya una sed en el interior de cada uno de nosotros: un anhelo por redescubrir la presencia de Dios en la creación y recordar que no estamos separados de la Tierra, sino profundamente conectados a ella.

Ahí es donde comienza el Tiempo de la Creación 2026.

No el 1 de septiembre.

Comienza hoy, cuando permitimos que Dios despierte esa sed en nuestro interior.

Ven al agua

El tema de este año, Agua Viva, es más que una simple imagen. Es una invitación de Dios.

A lo largo de las Escrituras, el agua es el lugar donde comienza la vida, donde tiene lugar la sanación, donde el pueblo de Dios se renueva y donde Cristo se encuentra con quienes le buscan.

En la visión del profeta Ezequiel, un pequeño arroyo fluye desde el templo de Dios. Al principio parece insignificante. Sin embargo, con cada paso se vuelve más profundo hasta convertirse en un río que restaura todo lo que toca.

Hoy en día, el Templo es también la comunidad de creyentes reunidos en Cristo (1 Cor 3, 16; Ef 2, 19-20). Cuando nos reunimos en Él, de nosotros también brotan ríos de agua viva para la sanación de la creación.

«Donde fluya el río, vivirá todo ser viviente» (Ezequiel 47, 9).

Quizás así es como comienza la conversión ecológica: no con acciones extraordinarias, sino con un corazón dispuesto a adentrarse en el río de Dios.

Una sed que se comparte en todo el mundo

Ese río ya está empezando a fluir.

En todo el mundo, las comunidades cristianas se están preparando discretamente para el Tiempo de la Creación, no porque se acerque septiembre, sino porque son conscientes de la profunda sed que caracteriza a nuestros tiempos.

Y así como las gotas deben unirse para convertirse en un río capaz de sanar la tierra, esta preparación no es una tarea solitaria, sino un camino espiritual compartido.

En Francia, cristianos de las tradiciones católica, protestante y ortodoxa se han unido en un espíritu de amistad, convencidos de que la creación es un don que se nos ha confiado a todos. Su recién creada Alianza para el Tiempo de la Creación de Francia está preparando recursos comunes, momentos de oración y celebraciones ecuménicas que nos recuerdan que cuidamos mejor de la creación cuando caminamos juntos.

En Estados Unidos, los líderes locales han comenzado a reunirse para ayudar a las parroquias y a las familias a preparar espacios en los que la fe y el cuidado de la creación puedan florecer juntos.

En Italia, los líderes de la Iglesia se reunieron recientemente con el Movimiento Laudato Si’ para reflexionar sobre lo que significa el Agua Viva para el mundo actual. Sus conversaciones fueron más allá de las preocupaciones medioambientales para abordar una cuestión más profunda:

¿Cómo podemos convertirnos en instrumentos de paz en un mundo en el que los dones de Dios se convierten con demasiada frecuencia en motivos de conflicto?

Cuando la creación se convierte en un campo de batalla

El mensaje del papa León XIV con motivo de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación nos recuerda que el clamor de la creación no puede separarse del clamor por la paz.

Los recursos naturales, que deberían sustentar la vida, se explotan con demasiada frecuencia de formas que agravan la violencia y la división.

Durante el encuentro celebrado en Italia, los participantes reflexionaron sobre el conmovedor testimonio del difunto obispo Osório Citora Afonso, de Mozambique.

Habló de la dolorosa realidad que a veces se denomina la maldición de los recursos: los lugares dotados de abundantes reservas de gas, petróleo y minerales suelen convertirse en escenarios marcados por el conflicto, el desplazamiento y el sufrimiento. La lucha por controlar los dones de la creación puede causar daño tanto a las personas como a la Tierra.

Su testimonio no es solo una advertencia.

Es una invitación.

A elegir otro camino.

A creer que los dones de Dios están destinados a alimentar la vida, no a avivar la guerra.

A convertirnos en personas que dejamos que el Agua Viva —y no la codicia ni el miedo— guíe nuestras decisiones.

Preparar nuestros corazones antes de preparar nuestras agendas

Antes de organizar eventos…

Antes de descargar recursos…

Antes de llenar los calendarios parroquiales…

Dios nos pide algo mucho más sencillo.

¿Tienes sed?

Sed de una relación más profunda con el Creador.

Sed de comunidades donde florezcan la paz y la justicia.

Sed de descubrir cómo tu propia vida puede formar parte del río de renovación de Dios.

Por eso julio es importante.

Es un mes para tomarse las cosas con calma.

Para rezar.

Para escuchar.

Para reunirnos con los demás.

Para permitir que Dios prepare nuestros corazones antes de que preparemos nuestros programas.

Que el Espíritu Santo nos guíe de vuelta a la Fuente, para que, allá donde fluya el río de Dios, florezca la vida —para cada persona y para toda la creación—.